viernes 12 de febrero de 2010

El cuento de nunca acabar


La serpiente mordiéndose la cola (el Ouroboros) es el símbolo de la eternidad. De ahí proviene el ocho acostado que utilizamos para representar matemáticamente al infinito (∞). Pero más que un número inimaginablemente grande, Ouroboros es la representación de un ciclo que se repite interminabemente. In saecula saeculorum.

Este símbolo no es exclusivo del viejo mundo. Uno de los símbolos más distintivos de México está enmarcado por un par de serpientes de fuego que forman entre las dos una especie de ouroboros: la Piedra del Sol o "Calendario Azteca". Y es que desde siempre hemos estado sujetos a ciclos que parecen condenados a repetirse una y otra y otra vez, por los siglos de los siglos, eternamente. Desafortunadamente esos ciclos a veces parecen tan inútiles como el suplicio de Sísifo, quien fuera condenado a pasar la eternidad rodando una pesada piedra hasta la cima de una montaña tan sólo para verla rodar nuevamente colina abajo.

Estas tierras siempre han sido dominadas por una sucesión de grandes caciques que han sido derrotados cíclicamente por otros grandes caciques. Estos caciques grandes a su vez controlan siempre a otros caciques medianos quienes a su vez son substituidos cíclicamente por otros caciques medianos. Cada uno de esos caciques domina a su vez a un grupo de caciques pequeños, los cuales tienen un alto índice de rotación porque frecuentemente son substituidos por otros caciques pequeños en su aspiración de llegar a ser caciques medianos algún día. Cada uno de estos caciques pequeños ejerce un férreo control sobre una gran cantidad de personas cuya misión principal en la vida es garantizar los privilegios de los caciques de todos los tamaños, valiéndose muchas veces de la violencia y el miedo.

Hace mucho tiempo, los grandes caciques se la pasaban peleando entre ellos. Un día, algo cambió: una dinastía de caciques particularmente violentos logró dominar a la mayoría de sus competidores y se convirtió en un imperio dominante. Para sobrevivir, los demás linajes de grandes caciques tuvieron que cederle el control absoluto de sus destinos a una dinastía de caciques llamados Tlatoanis que a cambio de un tributo les permitía conservar en gran medida sus privilegios. Los Tlatoanis a su vez fueron substituidos un día por una nueva dinastía de grandes caciques a los que se les conocería como Virreyes. Éstos no eran la punta de la pirámide, gobernaban a nombre de otro Tlatoani que nadie conocía llamado "Rey" que vivía en un lugar muy lejano, del otro lado del mar. Con los virreyes llegó una nueva generación de grandes caciques, quienes sin embargo no cambiaron la estructura preexistente de caciques medianos y pequeños, sino que al contrario, la mejoraron para poder saquear más eficientemente las riquezas naturales de la región. Algunos siglos después, los Virreyes fueron substituidos a su vez por otro linaje de Tlatoanis llamados presidentes, quienes en lugar de gobernar a nombre de un señor que nadie conocía, empezaron a decir que gobernaban a nombre de la gente que ingenuamente seguía manteniendo los privilegios de toda la estructura de caciques.

En realidad, cada Presidente gobernaba para su santo, lo que en poco tiempo provocó un problema grave porque todos los grandes caciques, conocidos como Caudillos, ambicionaban la presidencia, pero el que lograba hacerse de ella no la quería dejar. Como es de esperar, esta situación no pudo sostenerse mucho tiempo y un día los Caudillos se comenzaron a matar entre ellos. Bueno, más bien los Caudillos obligaron a sus caciques a mandarles gente para que mataran a la gente que defendía los privilegios de los Caudillos rivales. Uno a uno fueron cayendo los Caudillos hasta que a uno de ellos se le ocurrió que no era necesario seguirse matando. Era más civilizado formar un club donde los Caudillos sobrevivientes decidieran quién sería el próximo Presidente, siempre y cuando quien resultara presidente siguiera respetando los privilegios de los miembros del club de Caudillos. El esquema pareció funcionar hasta que a los Caudillos les dio por mandar a sus hijos a estudiar al extranjero. Los hijos y nietos de los Caudillos regresaron con "ideas modernas" y cuando crecieron se fueron encargando de quitarle privilegios a la gran familia revolucionaria para dárselos a otro club que fue creciendo al margen de éste: el club de los grandes empresarios.

Hoy en día la estructura de pequeños y medianos caciques apuntalados por una gran cantidad de gente ignorante protege los privilegios de una clase dominante tan pobre que lo único que tiene es dinero. El presidente y en general toda la estructura de "gobierno" simplemente es un agregado cultural, un showman dedicado al entretenimiento de chicos y grandes. En la práctica la estructura caciquil no ha cambiado sensiblemente entre las chinampas aztecas, los beneficios de plata virreinales, las haciendas decimonónicas y las maquiladoras modernas.

La estructura funcionaría sin problemas de no ser porque la clase dominante está siendo amenazada por otra aún menos escrupulosa de empresarios proscritos que está creciendo rápidamente: el "crimen organizado". De repente, un "gobierno" que durante décadas no ha demostrado ningún conflicto moral en la legalización de jornadas laborales de más de doce horas, la reducción del poder adquisitivo de los salarios hasta sus mínimos históricos, la destrucción de los sistemas educativos y de seguridad social, la pauperización de la población rural hasta niveles similares a los del África Subsahariana, el aumento alarmante del desempleo aunque le llamen con eufemismos como "adulto inactivo" o "autoempleado" le declara la guerra al crimen organizado, quien al parecer, según el discurso oficial, es el único responsable de la violencia en ciudades como Ciudad Juárez.

La guerra contra el Narco, en realidad es una guerra entre explotadores que están siendo sustituidos violentamente por otros explotadores. Entre los explotadores "decentes" que casi no pagan impuestos y tienen al país sumido en el atraso y la miseria desde siempre, y los explotadores "indecentes" que no pagan impuestos, se aprovechan del atraso y la miseria provocada por el otro bando para reclutar su gente y cobran por brindar "protección" (contra las represalias de ellos mismos, claro). Y por supuesto, ninguno de los dos bandos tiene interés alguno en terminar con el círculo de la miseria ni con la estructura caciquil: simplemente la aprovecha cada quien a su manera para sus propios fines.

Como está planteada, desde el gobierno, esta guerra no tiene posibilidades de ser ganada. Si el gobierno quisiera realmente ganarle la guerra al narco, tendría también que acabar con el esquema actual de explotación de mano de obra barata. Son las dos caras de una misma moneda: la cabeza y la cola del Ouroboros. Esto es algo que el gobierno no está dispuesto a hacer: tendría que desmantelar la estructura caciquil que ha sostenido a este país desde hace siete siglos. Es más fácil poner al ejército a patrullar las calles y esperar que, de alguna manera, las cosas se resuelvan solas.

Si queremos acabar con esta situación vamos a tener que agarrar el toro por los cuernos y hacerlo nosotros como sociedad. Tenemos que exigir el país que queremos. Como la señora que regañó a Calderón hace rato en Ciudad Juárez.



jueves 11 de febrero de 2010

Invictus



Nelson Mandela estuvo preso del 5 de Agosto de 1962 al 11 de febrero 1990 por sus convicciones. El poema Invictus, de William Ernest Henley, fue la fuente de inspiración que le ayudó a motivarse para seguir adelante y soportar casi tres décadas de cautiverio.

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.


Hoy hace 20 años comenzó a desmoronarse la estructura del Apartheid sudafricano. Entre la caída del muro de Berlín y la liberación de Nelson Mandela el mundo parecía confirmar que había motivos de sobra para tener esperanza en el futuro. Parecía que sólo era cuestión de tiempo para que, como fichas de dominó, fueran derrumbándose uno a uno los regímentes totalitarios que tenían dividido al planeta. Durante esos dos meses vivimos la ilusión de que un mundo sin odio era posible. Desafortunadamente, el espejismo no duró mucho. 20 años después, en nuestro mundo hay más odio que nunca. Por eso es que muchos de los que pertenecemos a la "generación X" ya no creemos en las promesas de nadie.

Por cierto, si vieron la película del mismo nombre, habrán visto que Mandela le dio al capitán del equipo de Rugby sudafricano un papel con unas palabras de motivación. Según la película habría sido este mismo poema, sin embargo en realidad el texto que le dio fue un fragmento de un discurso de Theodore Roosevelt conocido como "el hombre en la Arena". No sé ustedes, pero yo estoy considerando seriamente mandarlo enmarcar:

No es el crítico el que cuenta; ni el hombre que señala cómo el hombre fuerte se tambalea, o dónde el que ha hecho algo pudo haberlo hecho mejor. El crédito le pertenece al hombre que se lanza a la Arena, con el rostro estropeado con polvo y sudor y sangre, y lucha valientemente; al que se equivoca y se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzos sin errores ni imperfecciones, pero se esfuerza para alcanzar sus metas; al que conoce los grandes entusiasmos, las grandes devociones; al que se entrega a una causa justa; a quien en el mejor de los casos conoce al final la satisfacción de alcanzar el éxito y en el peor de los casos, si falla, al menos falla arriesgándose en gran medida, para que su lugar nunca esté entre aquellas almas frías y medrosas que jamás conocerán la victoria ni la derrota.



domingo 7 de febrero de 2010

El Gran Terremoto de Nuevo Madrid


El 16 de Diciembre de 1812, comenzó una serie de grandes terremotos en la zona donde confluyen los Estados de Kentucky, Missouri y Tennessee que culminaron el 7 de febrero del año siguiente con uno de 8.3 grados que destruyó Nuevo Madrid. Se sintió en un área de 130,000 kilómetros cuadrados y provocó cambios en el curso y durante un tiempo hasta la dirección del río Mississippi, creando el lago Reelfoot en donde antiguamente había un valle. Fue tan fuerte que hizo sonar las campanas en las ciudades de Boston, Nueva York y lo que hoy conocemos como Toronto. En la Ciudad de Washington, DC, se quebraron las banquetas y en Maine se reportaron daños en chimeneas.

Lo que hace tan peligrosa la falla de Nuevo Madrid es que, si el día de hoy se repitiera un terremoto de esta magnitud, los daños en ciudades como Memphis y San Luis serían incalculables. E increíblemente, a diferencia de otras partes del mundo con riesgo sísmico como California, Japón o México, el centro este de los Estados Unidos no está preparado para enfrentar un desastre sísmico de esta magnitud. Por eso vale la pena no dejar que se olvide el gran terremoto de Nuevo Madrid, a 198 años de distancia.

Fuente: Wikipedia



jueves 21 de enero de 2010

Ojo en el cielo

¿Se acuerdan de la canción de Eye in the Sky , de Alan Parsons Project? No es que sea paranoico, pero cada vez es más evidente que se está construyendo un "ojo en el cielo" que está siendo impulsado activamente por no sé quién... bueno, si lo sé pero en realidad no es relevante. Lo relevante es que nuestro gobierno está participando activamente en la iniciativa de tenernos a todos vigilados, violando sistemáticamente nuestras garantías individuales mientras nuestros políticos juegan al Tío Lolo. El más reciente capítulo de esta historia se llama ACTA.

ACTA significa Anti-Counterfeit Trading Agreement, y en principio es un tratado internacional que busca reforzar las medidas contra el contrabando y la piratería. Como ya es costumbre en este tipo de acuerdos, se está negociando en secreto, a espaldas de las sociedades que se supone que representan y sin consultar a instancias como los congresos nacionales. Sin embargo, de acuerdo a filtraciones del texto preeliminar del ACTA sabemos que, en la práctica, es un atentado contra la privacidad en Internet, donde entre otras cosas se pretende obligar a los Proveedores de Servicio de Internet a espiar a sus usuarios, compartiendo información con la policía sobre sus usuarios sin necesidad de una orden judicial, y otorgar facultades a los agentes de seguridad en los aeropuertos para revisar arbitrariamente iPods, teléfonos celulares y laptops en busca de música y software pirata. Y créanlo o no, este acuerdo está siendo promovido muy activamente por el gobierno de México.

Esta medida se sumaría a los preocupantes retrocesos que ya lleva nuestro gobierno en materia de libertades y derechos humanos, que con el pretexto de la lucha contra el crimen organizado se han ido implementando poco a poco. Entre ellas, hay que recordar la obligación de registrar tu teléfono celular bajo la amenaza de cancelarte el servicio (y lo que no te dicen es que al registrar tu teléfono también estás dando tu consentimiento para que el gobierno pueda monitorear tus llamadas, mensajes y ubicación en el momento en que se le de la gana), o la necedad de crear un nuevo registro nacional de población con datos biométricos, como el del iris. Afortunadamente, la iniciativa de permitir que la policía pueda entrar a un domicilio sin necesidad de una orden judicial y la de poder disponer de los bienes de una persona que haya sido acusada de narcotráfico (esto es, sin que haya sido juzgada y encontrada culpable de la acusación) no prosperaron, pero ganas no le faltaron a nuestro democrático gobierno.

Nuevamente hay que recordar la frase atribuida a Benjamín Franklin: Un pueblo dispuesto a sacrificar su libertad por seguridad no merece ninguna de ellas, y terminará perdiéndolas a ambas. Permitir que se aprueben leyes como ésta es dejarle la puerta abierta al totalitarismo en México. Tanto de derecha como de izquierda. Parafraseando a Chabelo: ¡Mucho ojo, cuates! Díganle NO al ACTA, y cuéntenselo a quien más confianza le tengan.



viernes 1 de enero de 2010

Blue Moon

Si crees que te vacilaron porque escuchaste que recibimos el 2010 con Luna Azul... pero la viste tan blanca como siempre, entonces necesitas leer ésto: Nunca viene mal un poco de cultura general (sobretodo cuando juegas al "Marathón").

El término "Luna Azul" no tiene nada que ver con el color o el tamaño aparente de la luna: cuando coinciden dos lunas llenas en un mismo mes, a la segunda se le llama Luna Azul, y es un evento que ocurre aproximadamente cada dos años y medio. Sin embargo, recibir el Año Nuevo con Luna Azul es un evento todavía más raro que se ve pocas veces en la vida: la última vez que ocurrió fue en 1990, y la siguiente ocasión será en el 2028. Así que mi deseo de Año Nuevo para todos ustedes es que tengan muchas Lunas Azules Decembrinas más.



lunes 28 de diciembre de 2009

Conectando un Nokia N97 en el coche

TaYo Clós me trajo en Navidad un estéreo para el coche, porque el que tenía se apagaba cada que pasaba un tope. El reemplazo fue el VM8013 de Jensen, el cual reproduce DVDs a un precio bastante accesible, y tiene una entrada frontal A/V de 3.5 mm y un cable para conectarlo a tu reproductor de MP3. Sin embargo, cuando intenté conectarlo directamente a mi N97... no funcionó.

La razón es que, aunque el conector de 3.5mm es un estándar, el orden de los cables no lo es. El cable estaba diseñado para conectar un iPod Video o un Zune, mientras que el orden que utiliza Nokia en su salida A/V es diferente:

PINiPod VideoMicrosoft ZuneNokia N97
1RLL
2LRR
3GGV
4VVG

Donde R y L son los canales de Audio (Derecho e Izquierdo), V es el canal de Video y G es la tierra.

La solución fue simple: pelé el cable que venía con el estéreo, crucé el cable amarillo (Video) de un lado con la trenza de tierra del otro, volví a aislar el cable y listo. Otra solución más elegante hubiera sido fabricar un cable, pero prefiero esperar a que termine la temporada navideña para buscar las piezas.

Esta información no sólo es útil para conectar el teléfono a un estéreo, sino para hacer tu propio cable A/V (de 3.5mm a RCA) de acuerdo a tus necesidades... por ejemplo, si por alguna razón necesitas conseguir un cable de 4 metros.



sábado 19 de diciembre de 2009

Como cangrejos en una olla


La Piedra del Sol que se exhibe en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en la Ciudad de México, es el emblema del Glorioso Pasado Azteca que los mexicanos hemos comprado gracias a la historia oficial. Sin embargo, pocos se dan cuenta de que no tiene nariz, porque se la arrancaron jugando al tiro al blanco los soldados norteamericanos acantonados en el Zócalo de la Ciudad de México en 1848. ¿Por qué la mayoría no se da cuenta de que el Calendario Azteca no tiene nariz, aún teniendo la piedra enfrente? Porque el mexicano sólo ve lo que quiere ver. Tenemos serios problemas para percibir la realidad como es: somos una sociedad esquizofrénica.

Hoy sabemos que prácticamente todos los cuentos que nos han inculcado como nuestra historia en realidad son una gran mentira: ni nuestros héroes son tan heróicos, ni nuestras glorias son tan gloriosas, ni nuestros villanos son tan deleznables. En la práctica todo es una fábula, una cortina de humo para ver sólo lo que queremos ver, como la nariz inexistente del calendario azteca.

Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas... todos ellos tienen algo en común. En su momento histórico, y a su manera, todos ellos fueron caudillos. Algunos terminaron siendo los superhéroes y otros los archivillanos de la historieta que conocemos como México. Pero se han preguntado alguna vez ¿por qué los mexicanos tendemos a endiosar irracionalmente a nuestros caudillos - y después a lapidarlos?

Creo que la raíz está en la forma de ser del mexicano. Nos quejamos de todo... pero siempre esperamos que alguien venga a resolver nuestros problemas, ya sea Papá Gobierno o la Virgen de Guadalupe. O un caudillo. Por eso, cuando aparece uno, mágicamente desaparecen sus defectos. Mientras dura su aura, el caudillo es un mesías, un iluminado, un ser superior que conoce todas las respuestas. No se le ve como es, sino como se desea que sea. Hasta que un mal día nos damos cuenta de que es un ser humano más, como todos nosotros y entonces sí, el caudillo se convierte en un traidor.

Mientras sigamos negándonos a enfrentar la realidad y a entender que las respuestas están en nosotros mismos, estamos condenados a repetir el error de seguir ciegamente al caudillo en turno para después quejarnos amargamente porque "nos traicionó". Nos urge liberarnos de ese pesado lastre que venimos arrastrando desde hace siglos y tomar nuestro propio destino en nuestras manos. ¿Cómo hacerlo?

Para empezar, no podemos seguir dejando la responsabilidad de resolver nuestros problemas a los demás: Por ejemplo, si no estás de acuerdo con que te cobren peaje por circular en una calle ¿de quién es la culpa? ¿del gobierno que permite este tipo de negocios o de los usuarios que a pesar de estar en desacuerdo lo avalan comprando su tarjeta? En otros países la gente se organiza espontáneamente para defenderse contra los abusos y la explotación. Aquí simplemente refunfuñamos, pero jamás movemos un dedo para resolver los problemas por nosotros mismos esperando que alguien los resuelva por nosotros.

De lo anterior se desprende que también tenemos que dejar de ponernos el pie unos a otros. Colectivamente somos como cangrejos en una olla: cuando uno logra llegar hasta arriba, los demás lo vuelven a jalar hacia abajo. Esto se ve mucho en el mundo educativo y laboral, donde abundan los cretinos que están más ocupados en tratar de sabotear a los demás para que no destaquen que en tratar de brillar por méritos propios. El mexicano odia al que se desempeña mejor que él, porque lo hace ver mal. Pero si queremos sobrevivir como sociedad, tenemos que erradicar de una vez por todas a la envidia de nuestra vida.

Esto es ante todo un problema de educación. A un sistema social basado en la explotación, como el nuestro, no le conviene una población educada y pensante. Para los políticos la población mexicana siempre ha sido un ente sin criterio ni voluntad propia y por lo tanto fácilmente manipulable al que llaman "el pueblo". Tenemos que dejar de depender la agenda oficial y hacernos cargo de nuestra propia educación, y eso significa romper con las trabas mentales que nos han inculcado. De entrada, recurriendo a una actividad que la escuela primaria nos enseñó falsamente a odiar: la lectura. En segundo lugar, tenemos que dejar de confiarnos tan sólo en la educación que reciben nuestros niños en la escuela: es imperativo hacernos cargo de su educación, asegurándonos de que en la escuela realmente están adquiriendo conocimientos y no sólo malas mañas.

En fin, los caudillos nunca han sido la panacea, ni la solución de nuestros problemas: sólo han servido para mantener a México en la miseria y la ignorancia. Si a pesar de saber esto estás empeñado en seguir ciegamente a otro caudillo, estás en tu derecho. Nada más que cuando llegue el inevitable momento de la lapidación y te sientas defraudado... no te tires al drama ni digas que no sabías que eso iba a pasar.



jueves 17 de diciembre de 2009

Los Simpson cumplen 20 años


El 17 de diciembre de 1989 se transmitió el primer capítulo de los Simpson: Simpsons Roasting on an Open Fire. O séase, el capítulo en que aparece huesos (Ayudante de Santa). Y la serie todavía sigue al aire, lo que la convirtió desde hace tiempo en el programa de televisión más longevo en Estados Unidos, desbancando a los Picapiedra.


Ya antes habían salido como cortos en el programa de Tracey Ullman, y aunque no fue el primer capítulo en ser producido fue transmitido primero con motivo de la temporada navideña. Uno de los grandes méritos de Los Simpson es que fue la primera serie (al menos, que yo recuerde) en criticar directamente a la sociedad estadounidense con ese humor amarillo que la caracteriza, allanando el camino para un montón de series aún más ácidas como Southpark, American Dad, Family Guy y tantas otras. ¿Cómo olvidar capítulos tan memorables como el de Los Borbotones, el del oso Bubu, el de Frank Grimes o el atentado contra el Sr. Burns?

El impacto de Los Simpson ha trascendido incluso el mundo de la televisión y llegado al mundo de la política: por ejemplo, baste recordar que Hugo Chávez prohibió la transmisión de Los Simpson en Venezuela.

Por esta y muchas cosas más... feliz cumpleaños a los Simpson



sábado 12 de diciembre de 2009

La Guadalupana


En 1649, el Bachiller Luis Lasso de la Vega publicó un libro titulado "Huei tlamahuizoltica omonexiti in ilhuícac tlatohcacihuapilli Santa Maria Totlazonantzin Guadalupe in nican huei altepenáhuac Mexico itocayocan Tepeyácac". Como su nombre claramente lo indica, es el relato de "la milagrosa aparición de la reina celestial, nuestra preciosa madre Santa María de Guadalupe, cerca del gran altépetl de Mexico, en un lugar llamado Tepeyacac" y es la fuente principal de todo lo que sabemos sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Claro que, con un título así, no es de extrañar que hoy lo conozcamos simplemente como el "Nican Mopohua". Y para cerrar mi serie de notas sobre cultos mexicanos, no hay mejor fecha que el 12 de diciembre para hablar de la Virgen de Guadalupe.

El Gran Suceso

A grandes rasgos, todos conocemos la historia. El Nican Mopohua dice que "en el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un caballero indio, pobre pero digno, su nombre era Juan Diego, casateniente, por lo que se dice, allá en Cuautitlán". El sábado 12 de diciembre, al dirigirse hacia Tlatelolco desde su casa, Juan Diego oyó una especie de canto celestial al pasar junto al cerro del Tepeyac y una voz que le llamaba desde lo alto: "Mi Juanito, mi Juan Dieguito". Al llegar a lo alto vio a una doncella que le dijo "Escucha bien, hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿A dónde te diriges?" A lo que Juan Diego respondió que iba a tomar el catecismo en Tlatelolco.

Entonces la misteriosa mujer le dijo que era la Virgen María, Madre del verdaderísimo Dios, y que ardía en deseos de que le construyeran una capilla en ese mismo lugar. Que se honraba en ser madre compasiva de todas las gentes que habitan esta tierra, y de los más variados linajes de hombres que la honraran confiando en su intercesión, porque allí estaría ella siempre dispuesta a escuchar su llanto y su tristeza y para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas y sus dolores. Después le dijo que ojalá aceptara ir a ver al Obispo de México para contarle todos los detalles de lo que había visto y escuchado para que le levantara en el llano su templo. A lo que Juanito libremente dijo que sí, aceptaba. Y se fue corriendo a ver al recién llegado Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga.

Tras una larga antesala, el Obispo recibió a Juan Diego y cuando le hubo relatado lo que le dijo la Virgen, como que no le dio del todo crédito y le dijo que lo iba a pensar. Se fue Juan Diego muy triste al darse cuenta de que no le creyeron y volvió a subir al Tepeyac, donde ya estaba la Virgen esperándole. Le dijo que no le hicieron caso y que mejor mandara a alguien más adecuado para estos menesteres, porque a él nunca le iban a hacer caso por ser tan poquita cosa. Entonces la Virgen le contestó que era preciso que fuera precisamente él quien negociara la construcción del templo y le ordenó que fuera al día siguiente a hablar nuevamente con el Obispo para que mandara hacer su templo.

Al día siguiente, domingo 13, Juan Diego se fue desde temprano a Tlatelolco a pasar lista y escuchar misa, y de ahí se dirigió al palacio del Obispo. Con muchos trabajos logró que el Obispo le volviera a recibir, y ahí le imploró de rodillas que le hiciera caso, porque era la mismísima Virgen María la que le estaba pidiendo el templo. Pero aunque el Obispo pareció ponerle más atención en esta ocasión, pidiéndole infinidad de detalles, le dijo que si en verdad era la Virgen la que le estaba pidiendo ese templo tendría que ofrecerle una prueba irrefutable de que ello era cierto. A lo que dijo Juan Diego que cómo no, que al día siguiente le llevaría la prueba que deseaba. Pero no regresó.

Resulta que al regresar a su casa en Cuautitlán se encontró con que su tío Juan Bernardino estaba muy grave de salud, casi moribundo. Así que el lunes estuvo de un lado a otro consiguiendo ayuda, y el martes por la noche, después de que los médicos le confirmaran que su tío estaba moribundo decidió ir a la Ciudad de México a buscar un sacerdote para que le diera los santos óleos. Como no quería encontrarse con la Virgen por haber dejado de lado el asunto de su encomienda, decidió darle la vuelta al Tepeyac por otro lado pero la Virgen, que lo vio desde lo alto, bajó por el otro lado para cerrarle el paso y se lo encontró de frente en el camino: "¿Qué hay, Hijo mío el más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas a ver?" a lo que Juan Diego se postró diciéndole "Mi Virgencita, Hija mía la más amada, mi Reina, ojalá estés contenta; ¿Cómo amaneciste? ¿Estás bien de salud?, Señora mía, mi Niñita adorada?" (Este es el origen de la frase "No te hagas, que la Virgen te habla")

Avergonzado, Juan Diego le contó que el Obispo le pidió una señal de que quien se le había aparecido en el Cerro del Tepeyac realmente había sido la Virgen María, pero como su tío estaba muy enfermo no había tenido tiempo de irla a ver. Que en cuanto consiguiera un sacerdote que lo confesara regresaría para seguir su encomienda. Pero la Virgen le dijo que para eso estaba ella, que no se preocupara porque su tío ya había sanado. Y le pidió que subiera al cerro del Tepeyac, que cortara unas flores que estaban en el sitio donde se vieron la primera vez y que las trajera ante ella.

Subió entonces al cerro y encontró muchas flores de muy distintos tipos, las cortó todas poniéndolas en el hueco de su tilma y bajó corriendo a ver a la Virgen. Ella tomó las flores entre sus manos, las volvió a poner en la tilma y le dijo que esas flores eran la señal solicitada. Le pidió que le llevara inmediatamente las flores al Señor Obispo, que le contara todo cuanto había visto y escuchado y que sólo ante él desplegara su tilma para mostrarle el contenido.

Fue Juan Diego corriendo al Palacio Episcopal y pidió ver al Señor Obispo, pero siendo de madrugada los sirvientes no quisieron molestarle. Sin embargo, al ver que Juan Diego llevaba horas negándose a moverse y viendo que llevaba algo le preguntaron qué llevaba, a lo que contestó que unas flores. Les permitió echar un vistazo y al ver que eran muchas y muy frescas se animaron a decirle al Obispo lo que estaba pasando. Éste pidió que le mandaran a Juan Diego y cuando éste le hubo relatado lo que ocurrió y descubrió la tilma apareció en ella la imagen de la Virgen, tal como se aprecia ahora en la Basílica de Guadalupe.

Mientras todo aquello ocurría, la virgen se le había aparecido también a Juan Bernardino, el tío de Juan Diego. Después de sanarlo le dijo la misión que le había sido encomendada a Juan Diego y le pidió que él también fuera a ver al Señor Obispo para narrarle cómo había sanado y le dijo también que quería que se le conociera como la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

Corolario

Hasta aquí la versión oficial de las apariciones de la Virgen de Gudalupe. Hoy en día, cada 12 de diciembre el Santuario de Guadalupe se convierte en la sede de una de las peregrinaciones más grandes del mundo, tan sólo opacada por las peregrinaciones a la Meca de los musulmanes y las peregrinaciones al Ganges de los hindúes. Pero pocos saben que estas peregrinaciones ya se llevaban a cabo ANTES de que se apareciera la Virgen en el Tepeyac. De hecho, desde mucho antes de que llegaran los Españoles a América. Casualmente, en el cerro del Tepeyac se adoraba antes a Coatlicue, la Diosa Madre, la Diosa de la Vida y de la Muerte. El mito Guadalupano es una de las muestras más espectaculares de sincretismo en México, donde la Iglesia Católica parece haber dado su brazo a torcer asimilando y haciendo suya una tradición local muy arraigada.

Para mí la moraleja de la historia de Juan Diego debería ser que nunca deberías sentirte poquita cosa por tonterías como razas y clases sociales: si te lo propones, puedes llegar a hacer cosas extraordinarias sin importar dónde y en qué circunstancias creciste. Pero la iglesia católica mexicana, elitista como siempre, consideró que Juan Diego no podía llegar a la Santidad sin un pasado glorioso. Así, de golpe y porrazo Juan Diego se convirtió en una especie de príncipe azteca de piel clara, casi blanca. Qué miopía. Por eso hay más gente rezándole hoy a Jesús Malverde que al Juan Diego light que canonizaron hace unos años: la gente ya no se identifica con él.

En fin, a pesar de los desatinos en la canonización de Juan Diego, buena parte de los mexicanos todavía cree en la Virgen de Guadalupe, y algunos se confiesan Guadalupanos aún sin considerarse católicos. Como en todo culto, también hay fanáticos capaces de atravesar el atrio de rodillas para pagar mandas por favores o milagros atribuídos a la Virgen. Racionalmente parece inconcebible: si la Virgen se supone que es la madre de los mexicanos, ¿cómo pretenden agradarla autoinfligiéndose torturas? Si me pusiera nopales en las rodillas o me atravesara la piel con púas de maguey para halagar a mi mamá seguramente me meterían a un manicomio. Pero hay que recordar que el origen de la Virgen de Guadalupe en realidad es prehispánico, y así se hacían los sacrificios humanos sin que nadie se escandalizara.

Sin embargo, también hay fanáticos del otro lado: algunos atacan rabiosamente a la Iglesia Católica y al culto de la Virgen de Guadalupe como si fuera la causa de todos los problemas del país, y alguna vez llegaron al extremo de poner una bomba en la Basílica de Guadalupe, donde por cierto la imagen de la Guadalupana quedó intacta.

A mi me parece que renegar de la Virgen de Guadalupe es un acto inútil. Yo no sé qué pasó aquella fría mañana de 1531, pero me inclino por pensar que no pasó absolutamente nada. Es más, sospecho que Juan Diego ni siquiera existió. Pero es lo de menos: lo que me gusta del Nican Mopohua es la idea de que alguien nos cuida y protege sin hacer distinción de nacionalidad, raza o posición social. Esa debería ser la filosofía de todos los servidores públicos, especialmente de los que dicen representarnos o protegernos.